Por Héctor Camero, gerente de Salud y Seguridad de Grupo AG
En Grupo AG, particularmente en nuestras plantas de producción y distribuidoras, trabajamos cerca de cargas suspendidas, vehículos en movimiento, energías peligrosas, etcétera, donde cualquier error puede costar caro. Aquí la seguridad no puede reducirse a procedimientos o charlas al inicio de un turno. Tiene que ser algo que cada persona se tome en serio, porque cualquier descuido se paga.
Para un operador, el compromiso con la seguridad se demuestra en lo básico, todos los días: elaborar permisos de trabajo, identificar riesgos y no tomar atajos, hacer preusos, parar una tarea si la considera riesgosa para su integridad. Incluso una tarea que parece simple puede salirse de control en segundos. El operador que entiende esto, no solo se cuida él; también protege a sus compañeros.
En el caso del supervisor o del jefe, la carga es aún mayor. No basta con sacar producción. Su verdadero trabajo es asegurar que la gente produzca, pero que produzca con seguridad. Eso significa estar presente, corregir lo que está mal, no hacerse el indiferente solo por el hecho de que siempre se ha hecho así. Su trabajo debe ser, en algunos casos, enfrentar decisiones incómodas y no ceder cuando la presión por producir empuja a relajar controles. Un supervisor que habla claro y actúa firme marca la diferencia entre una operación controlada y una tragedia anunciada.
Y aquí es donde algunos de nuestros Gerentes, nombrados “Champions”, demuestran su peso real. No son figuras decorativas ni títulos para presentaciones. Son personas que empujan la seguridad desde la estrategia y también desde el piso, que hablan con la gente, detectan fallas, refuerzan conductas correctas y mantienen el tema vivo cuando otros empiezan a normalizar el riesgo. Muchas veces son quienes logran que la seguridad deje de verse como una obligación de la empresa y se convierta en parte de la cultura.
Su aporte es clave porque ayudan a romper la rutina peligrosa que aparece cuando la gente cree que “nunca pasa nada”. En plantas como las nuestras, esa confianza mal entendida suele ser el primer paso hacia accidentes graves.
Al final, la seguridad real depende de personas comprometidas, no solo de reglas escritas. Los operadores atentos, supervisores con carácter y Champions activos, son los que sostienen la operación de Grupo AG. Porque producir acero importa, pero regresar sano a casa importa más.




